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viernes, 5 de julio de 2013

Ley de abastecimiento

Un ministro de Cristina Fernández pierde los nervios ante una periodista de 'Clarín'

Guillermo Moreno, en una imagen de archivo.| Leandro Monachesi
Guillermo Moreno, en una imagen de archivo.| Leandro Monachesi
  • Recriminó a dos periodistas una pregunta sobre la política de precios
  • 'Vos deberías pedirme permiso y decir: '¿Quiere hablar conmigo?''
  • El secretario de Comercio Interior ya protagonizó otros altercados
Los guardias saltaron de sus asientos y, comunicándose por transmisión inalámbrica, corrieron a ver a qué se debía tanto alboroto. En el salón de la residencia de la embajadora norteamericana, un individuo de bigote tupido y nariz prominente gritaba fuera de sí ante la mirada atónita del resto de los invitados. "Es Guillermo Moreno, el ministro de Comercio Interior", explicó un azorado diplomático argentino a sus pares que asistían a la recepción, con motivo del Día de la Independencia de Estados Unidos.
El incidente estalló cuando Silvia Naishtat, periodista de Clarín, abordó al funcionario para hacerle una pregunta acerca de la política de precios y el desabastecimiento. Unas horas antes, Moreno había dispuesto laclausura de cuatro supermercados por no ofrecer una serie de productos de bajo coste. Lo hizo bajo la sospecha de que acaparaban la mercadería, a la espera de poder aumentar los precios.
Al principio, el ministro se conformó con dirigir una mirada amenazantea Naishtat. Una de esas miradas torvas que paralizan de miedo a los empresarios que no acatan sus directrices o que lo contravienen. Como la periodista insistía en obtener una respuesta, Moreno ya no se pudo contener. "Vos deberías pedirme permiso y decir: 'Señor secretario (ministro) ¿usted quiere hablar conmigo?'", espetó, agitando las manos como aspas, mientras avanzaba hacia la reportera.

"¡Tienen las manos manchadas de sangre!"

Fue entonces cuando otro periodista de Clarín, Walter Curia, se atrevió a decirle que no debería alzarle la voz a una señora. A estas alturas Morenoya había perdido por completo los estribos y de nada servía la mirada suplicante de su esposa. "Ella no es una señora y vos también sos un periodista de Magnetto", profirió el ministro, pronunciando el nombre de Héctor Magnetto, director ejecutivo de Clarín, como si fuera el peor de los insultos. "¿Saben lo que son ustedes? ¡Son empleados de Magnetto!¡Tienen las manos manchadas de sangre!", gritó cuando en otra sala, la embajadora norteamericana, Vilma Martínez, ya había comenzado su discurso.
Walter Curia contó más tarde que Guillermo Moreno lo dejó bañado en saliva. El espectáculo concluyó cuando el titular de la cartera de Comercio Interior, a quien la presidenta Cristina Kirchner considera como uno de sus colaboradores más eficientes y una persona "que dice las cosas como son", se dirigió con absoluta tranquilidad a la mesa donde servían bebidas y entremeses.
En el análisis que publicó esta mañana en Clarín, Curia afirmó que Moreno actuó como "una persona emocionalmente desequilibrada". A continuación matizó que los psiquiatras podrían cuestionar que se emplee el término psicópata para describir la conducta del irascible funcionario. "Vayamos entonces a terreno seguro: Moreno actuó como un auténtico fascista", concluyó Curia.

Largo historial de exabruptos

Guillermo Moreno carga con un largo historial de exabruptos. A los manifestantes que batieron las cacerolas frente a su domicilio, en protesta por la inflación, les recomendó que "se metieran las cacerolas por el orto" y a los empresarios del sector lácteo que se quejaron por la política del gobierno, les dijo: "Traigan a sus mujeres, que ya estoy cansado de cogérmelos (por fornicarlos) a ustedes".
Pero su más célebre salida de madre fue en septiembre del 2010, cuando irrumpió en una asamblea de Papel Prensa, la empresa que distribuye papel a los diarios. Entonces, el ministro puso unos guantes de boxeo sobre la mesa y pidió que las mujeres se retiraran de la sala para zanjar las diferencias con los varones, a puñetazo limpio. "A ver quien se anima", retó a los accionistas, que se quedaron como estatuas en sus asientos.
Fuente: Diario El Mundo (España)

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